Qué hacer si pierdes o te roban el mando de un cierre metálico automático

Qué hacer si pierdes o te roban el mando de un cierre metálico automático

Perder el mando de un cierre automático puede parecer una incidencia menor hasta que surge una duda bastante lógica: ¿podría utilizarlo otra persona para abrir el local?

La respuesta depende del sistema instalado y de cómo estén configurados los mandos. Pero si existe la posibilidad de que haya caído en manos de otra persona, no basta con comprar otro y seguir funcionando como antes.

Especialmente en negocios donde existen varios mandos repartidos entre propietarios, encargados o empleados, conviene saber qué ha ocurrido con el que falta y qué posibilidades ofrece el sistema para dejarlo fuera de uso.

No es lo mismo perder el mando que tenerlo y que no funcione

Esta diferencia es importante.

Si conservas el mando pero ha dejado de responder, puede tratarse simplemente de una pila agotada, un problema del propio mando o alguna incidencia en el sistema de apertura.

En cambio, cuando no sabes dónde está, aparece una cuestión de seguridad.

Y el escenario cambia todavía más si ha sido robado junto con las llaves del negocio, documentación, una cartera o cualquier elemento que permita relacionarlo fácilmente con el local.

En ese caso, la prioridad no es conseguir otro mando. Es comprobar si el desaparecido puede seguir accionando el cierre.

Si no aparece, comprueba primero quién tiene los demás

En negocios donde varias personas abren y cierran es fácil que un mando termine en otro coche, en casa de un empleado o guardado en un lugar diferente al habitual.

Antes de darlo definitivamente por perdido conviene comprobarlo.

Precisamente por eso resulta útil llevar un control sencillo de los mandos existentes. No hace falta ningún sistema complejo: basta con saber cuántos hay y quién dispone de cada uno.

Cuando nadie sabe si existen tres, cuatro o cinco mandos, detectar que falta uno se vuelve mucho más difícil.

Si ha sido robado, actuaría con más precaución

Imagina que desaparece una mochila en la que estaban las llaves del establecimiento y también el mando del cierre.

El problema ya no es únicamente haber perdido una forma de abrir.

Quien encuentre o robe esos objetos podría disponer de varios elementos relacionados con el mismo negocio.

En una situación así, no confiaría simplemente en que el mando no llegue a utilizarse. Conviene revisar si puede retirarse su autorización para que deje de accionar el cierre.

¿Puede desactivarse únicamente el mando perdido?

Depende del sistema instalado.

Algunos equipos permiten gestionar individualmente los mandos autorizados. En otros casos puede ser necesario modificar la programación y volver a registrar los que deben continuar funcionando.

Desde fuera, dos cierres pueden parecer prácticamente iguales y utilizar sistemas completamente diferentes.

Por eso no conviene seguir instrucciones genéricas de programación sin saber qué receptor está instalado.

El objetivo debería ser sencillo: que el mando desaparecido deje de permitir la apertura y que los mandos que conserva el negocio continúen funcionando correctamente.

Comprar un mando nuevo no necesariamente soluciona el problema

Este es uno de los errores más fáciles de cometer.

Se pierde un mando, se compra otro, se programa y aparentemente todo vuelve a estar como antes.

Pero únicamente hemos recuperado una unidad.

Si el mando perdido continúa reconocido por el sistema, puede seguir funcionando.

Por tanto, hay que separar dos necesidades:

volver a disponer de un mando y eliminar el posible acceso del que se ha perdido.

No son exactamente lo mismo.

Los cambios de personal también deberían hacerte revisar los mandos

No hace falta esperar a que desaparezca uno.

Con el paso de los años puede haber mandos en manos del propietario, encargados, empleados o personas que ya no trabajan en el negocio.

Mientras todos estén controlados no tiene por qué existir un problema. La situación cambia cuando alguien deja la empresa y el mando no vuelve, o simplemente nadie recuerda si se entregó uno.

El criterio es parecido al que aplicaríamos con las llaves del establecimiento: cuando una persona deja de necesitar acceso, conviene recuperar aquello que se le entregó.

Saber quién puede abrir el cierre debería formar parte del control normal del local.

¿Y si acabas de alquilar un local con el cierre ya instalado?

Es otra situación que merece atención.

El anterior responsable puede entregar el local con uno o dos mandos del cierre automático. Pero eso no garantiza necesariamente que nunca hayan existido más.

Durante los años de actividad pueden haberse realizado copias para empleados, responsables o empresas externas.

No significa que exista un riesgo concreto ni que haya que desconfiar del anterior propietario. Simplemente, cuando cambia el responsable de un establecimiento, tiene sentido comprobar también quién conserva capacidad de acceso.

Si no puede determinarse cuántos mandos existen, puede ser recomendable revisar la configuración del sistema.

Si fallan todos los mandos, probablemente el problema sea otro

Hay una diferencia importante entre perder un mando y que ninguno funcione.

Si varias unidades dejan de responder al mismo tiempo, es poco probable que todas se hayan averiado simultáneamente.

Puede existir un problema en la alimentación eléctrica, en el receptor o en algún otro elemento de la automatización.

Antes de comprar nuevos mandos conviene averiguar qué está fallando.

Esto enlaza con otra situación que ya hemos tratado: qué hacer si se va la luz y tienes un cierre metálico automático. Un problema de alimentación puede parecer inicialmente una avería del mando cuando en realidad el origen está en otra parte.

Tener un mando de reserva puede ser útil, pero también hay que controlarlo

Disponer de una unidad de respaldo puede evitar problemas cuando el mando habitual se estropea o se extravía.

Pero ese mando de reserva también permite abrir el negocio.

Por eso debe guardarse en un lugar conocido y controlado.

Acumular mandos “por si acaso” sin saber después dónde están acaba generando justo el problema que intentábamos evitar.

Más que tener muchos, interesa saber dónde están los necesarios.

Cuando muchas personas utilizan el cierre, el control cobra más importancia

Un pequeño comercio donde solo dos personas disponen del mando es bastante fácil de gestionar.

La situación cambia en garajes comunitarios, empresas con diferentes turnos o locales donde varias personas necesitan utilizar el mismo acceso.

Cuantos más usuarios existen, más importante resulta poder gestionar pérdidas, entregas y bajas.

Esto también debería valorarse al plantear una motorización de cierres metálicos. No basta con pensar en la comodidad de abrir mediante un mando: interesa prever cómo se gestionará el acceso durante los años de uso de la instalación.

Una rutina sencilla evita bastantes problemas

No es necesario convertir la gestión de los mandos en algo complicado.

En la mayoría de negocios basta con mantener unas pocas cosas claras: cuántos mandos existen, quién tiene cada uno y si hay una unidad de reserva.

Cuando se entrega uno a otra persona, conviene saberlo. Cuando esa persona deja de necesitarlo, debería devolverse.

Son precauciones básicas, pero evitan descubrir años después que existen mandos cuya ubicación nadie conoce.

Perder un mando no significa tener que cambiar el cierre

La pérdida de un mando no implica necesariamente sustituir el motor ni realizar cambios importantes en el cierre metálico.

Lo que debe revisarse es el acceso asociado a ese mando y qué posibilidades ofrece el sistema instalado para eliminarlo o modificar su autorización.

Si tienes el mando y simplemente ha dejado de funcionar, probablemente estemos ante una incidencia mucho más sencilla.

Si ha desaparecido o ha sido robado, especialmente junto con llaves o documentación relacionada con el negocio, merece la pena actuar con más precaución.

Cuando no está claro cómo están configurados los accesos, en Cierres Metálicos 24h podemos revisar el sistema y determinar qué opciones existen para recuperar el control sobre los mandos autorizados.

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