Qué revisar en un cierre metálico después de una reforma del local

Qué revisar en un cierre metálico después de una reforma del local

Después de una reforma es normal fijarse en el escaparate, la iluminación, el mobiliario o los acabados. El cierre metálico suele quedar en segundo plano, especialmente si ya estaba instalado y antes funcionaba correctamente.

Sin embargo, durante una obra puede acumular polvo, recibir algún golpe o verse afectado por cambios en el suelo, la fachada o las instalaciones eléctricas.

Por eso, antes de reabrir el negocio merece la pena hacer algo muy sencillo: abrir y cerrar completamente el cierre y comprobar si sigue funcionando igual que antes de la reforma.

Muchas incidencias se detectan sin desmontar nada.

El polvo de obra termina llegando a las guías

Por mucho que se proteja la zona, una reforma genera polvo fino y pequeños residuos que pueden acabar en las guías laterales.

Yeso, restos de materiales, polvo de corte o pequeñas partículas pueden acumularse especialmente en la parte inferior.

El cierre puede seguir funcionando, pero empezar a rozar ligeramente o necesitar algo más de esfuerzo en determinados puntos.

Si además esos residuos se mezclan con restos de grasa o lubricante, pueden formar una capa de suciedad más difícil de eliminar.

Antes de buscar una avería, conviene comprobar que las zonas accesibles de las guías estén limpias.

Un golpe pequeño puede cambiar el recorrido

Durante una obra se mueven escaleras, herramientas, materiales y maquinaria constantemente.

Un impacto aparentemente menor puede desplazar ligeramente una guía o deformar una lama sin que el problema resulte evidente en ese momento.

Después aparecen señales como que un lateral empieza a rozar, que el cierre baja algo torcido o que una parte llega al suelo antes que la otra.

Aquí la referencia más útil es sencilla: si antes de la obra bajaba recto y después ya no, algo ha cambiado.

No significa necesariamente que exista una avería importante, pero sí merece la pena revisarlo.

Si se ha cambiado el suelo, revisa cómo apoya el cierre

Es uno de los detalles más fáciles de pasar por alto.

En muchas reformas se cambia el pavimento o se modifica ligeramente la altura de la entrada. Sin embargo, el cierre continúa bajando hasta prácticamente el mismo punto de antes.

Si el nuevo suelo queda algo más alto, el cierre puede empezar a apoyarse antes de completar correctamente su recorrido.

También puede ocurrir lo contrario: pequeños desniveles pueden dejar zonas donde la parte inferior ya no apoya de manera uniforme.

Una vez terminada la reforma, conviene bajar completamente el cierre y observar cómo queda respecto al suelo en toda su anchura.

Pintura, masilla y revestimientos pueden generar roces nuevos

Renovar una fachada suele implicar trabajar muy cerca de las guías.

Una capa de pintura no debería generar ningún problema, pero una acumulación excesiva de producto, restos de masilla o pequeños cambios en los revestimientos pueden reducir el espacio disponible.

El síntoma suele ser bastante claro: el cierre funcionaba correctamente antes de la reforma y después empieza a rozar siempre en el mismo punto.

Antes de pensar en motor, eje u otros componentes, merece la pena comprobar qué se ha modificado alrededor de esa zona.

Las modificaciones del escaparate también pueden afectar

Si durante la obra se cambia la carpintería, el escaparate, el revestimiento de fachada o algún elemento próximo al acceso, debería respetarse el espacio que necesita el cierre para desplazarse.

Una nueva estructura decorativa, una iluminación diferente o una modificación de la fachada no deberían invadir las guías ni interferir en el recorrido.

Además, una reforma completa es un buen momento para valorar cómo queda integrado visualmente el cierre.

Como comentamos al hablar de cierres metálicos y escaparates, cuando el negocio está cerrado el cierre continúa formando parte de la fachada.

En un cierre automático, observa el recorrido completo

Que el mando funcione después de la reforma no significa necesariamente que todo esté exactamente igual.

Merece la pena realizar una apertura y un cierre completos y prestar atención al movimiento.

El cierre debería desplazarse con normalidad, sin detenerse en zonas nuevas, sin tirones y sin necesitar varios intentos.

Si durante la reforma se ha trabajado en el cuadro eléctrico, se han movido mecanismos o se han modificado instalaciones próximas al motor, también conviene tenerlo en cuenta si aparece un fallo posteriormente.

Que el problema aparezca después de una obra no significa automáticamente que el motor esté averiado.

Primero hay que comprobar el comportamiento del conjunto.

Comprueba también dónde han quedado mandos y desbloqueos

Las reformas suelen cambiar la distribución interior.

Se colocan nuevos muebles, se cierran falsos techos, se reorganizan almacenes o se desplazan mecanismos eléctricos.

Después puede ocurrir que un desbloqueo manual que antes estaba perfectamente accesible quede escondido detrás de mobiliario o en una zona incómoda.

Lo mismo sucede con interruptores, llaves o mandos.

No es un problema de funcionamiento, pero puede convertirse en uno el día que sea necesario utilizarlos con rapidez.

Haz la prueba antes de que se marche todo el mundo

Una vez terminados los trabajos y con la entrada despejada, merece la pena dedicar unos minutos al cierre.

No basta únicamente con comprobar que sube y baja.

Presta atención a si:

  • aparecen ruidos que antes no estaban;
  • el cierre mantiene el mismo recorrido;
  • ninguna lama parece desplazada;
  • las guías permanecen firmes;
  • la parte inferior apoya correctamente;
  • y, si está motorizado, el movimiento sigue siendo regular.

Detectar un problema mientras todavía están presentes los profesionales que han realizado la obra puede facilitar mucho localizar su origen.

No todo cambio después de una reforma significa una avería

Después de varias semanas de obra, el cierre puede llevar tiempo utilizándose menos de lo habitual.

Al volver a ponerlo en servicio pueden aparecer pequeños roces provocados simplemente por suciedad acumulada.

Lo razonable es limpiar primero las zonas accesibles y comprobar de nuevo el movimiento.

Si después continúa bajando torcido, encuentra resistencia o el motor parece trabajar de una forma distinta a la habitual, entonces sí conviene investigar qué ha cambiado.

La comparación con su funcionamiento anterior sigue siendo la mejor referencia.

Una reforma también puede descubrir que el cierre ha envejecido

A veces la obra no afecta al cierre en absoluto.

Simplemente, después de renovar completamente el local, se hace más evidente que el cierre presenta pintura deteriorada, golpes o un aspecto que ya no encaja con la nueva fachada.

Eso no significa que tenga que sustituirse.

Si funciona correctamente y el desgaste es principalmente estético, puede bastar con renovar el acabado. En nuestra guía sobre cómo pintar un cierre metálico explicamos qué conviene comprobar antes de hacerlo.

Primero debe valorarse el funcionamiento y después la parte estética.

Antes de reabrir, el cierre también debería estar listo

Un local recién reformado puede estar perfectamente terminado por dentro y, sin embargo, encontrarse con un problema en el cierre el primer día de apertura.

Comprobar las guías, el apoyo inferior, el recorrido y el funcionamiento automático lleva poco tiempo y permite detectar incidencias que durante la obra pueden haber pasado desapercibidas.

Si el cierre hace algo después de la reforma que antes no hacía, merece la pena averiguar por qué en lugar de acostumbrarse al nuevo ruido o al pequeño roce.

Cuando después de limpiar y revisar las zonas accesibles el problema continúa, en Cierres Metálicos 24h podemos comprobar si basta con realizar un ajuste o si alguno de los trabajos ha afectado al sistema.

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