Qué debe saber el personal de un negocio para utilizar un cierre automático con seguridad

Qué debe saber el personal de un negocio para utilizar un cierre automático con seguridad

En muchos comercios, abrir y cerrar el cierre automático termina siendo una tarea más de la rutina diaria. Una persona abre por la mañana, otra se encarga del cierre y, dependiendo de los turnos, varias pueden utilizar el mismo sistema durante la semana.

Precisamente por esa normalidad es fácil dejar de prestar atención a pequeños cambios.

No hace falta que el personal conozca cómo funciona el motor o qué piezas forman el mecanismo. Lo importante es saber cómo utilizar el cierre correctamente y reconocer cuándo está haciendo algo que antes no hacía.

No todo el personal necesita disponer de un mando

Cuando varias personas son responsables de abrir o cerrar el establecimiento, puede ser necesario disponer de distintos mandos.

Lo recomendable es saber cuántos existen y quién tiene cada uno.

Con el tiempo es fácil que aparezcan unidades de reserva, mandos entregados a antiguos empleados o dispositivos cuya ubicación nadie recuerda.

Cuando una persona deja de necesitar acceso, conviene recuperar el mando igual que se haría con las llaves del local.

Y si uno desaparece, comprar otro no siempre resuelve el problema de seguridad. En nuestro artículo sobre qué hacer si se pierde el mando de un cierre automático explicamos qué conviene valorar en estos casos.

Deja que el cierre termine de subir o bajar

Las prisas son probablemente una de las situaciones más habituales.

Se pulsa el mando, el cierre empieza a subir y alguien pasa en cuanto existe espacio suficiente. Al final de la jornada puede ocurrir lo mismo mientras todavía se sacan cajas, mercancía o mobiliario.

Lo más prudente es dejar que el cierre complete su recorrido antes de utilizar la zona de paso.

Además de mejorar la seguridad, permite comprobar con facilidad si el movimiento sigue siendo el habitual.

Pulsar varias veces el mando no suele solucionar un fallo

Si el cierre tarda en responder, es fácil pulsar de nuevo pensando que la primera orden no ha llegado.

Dependiendo de la configuración, una segunda pulsación puede detener el movimiento o modificarlo.

Y si existe una resistencia o algún problema en el sistema, insistir con el mando no va a solucionarlo.

Si normalmente responde a la primera y de repente deja de hacerlo, es mejor comprobar qué ocurre antes de convertir los varios intentos en una nueva rutina.

Un cierre automático no debería necesitar ayuda manual

Otro síntoma que conviene detectar pronto es tener que empujar o tirar del cierre mientras funciona el motor.

Puede empezar de forma puntual:

“Hoy le ha costado un poco y lo he ayudado a subir.”

Si vuelve a ocurrir, ya existe un cambio respecto a su funcionamiento normal.

Puede haber suciedad, un roce, una lama desplazada o alguna otra resistencia. Lo importante para el usuario no es identificar la pieza.

Lo importante es saber que si hay que ayudar al cierre para completar el recorrido, algo merece ser revisado.

Quien utiliza el cierre todos los días suele detectar primero los problemas

Un empleado puede no saber nada de mecánica y, sin embargo, identificar perfectamente que el cierre ya no suena igual.

Precisamente porque lo utiliza a diario conoce su comportamiento habitual.

Comentarios como estos son útiles:

“Desde ayer hace un ruido al final.”

“Esta mañana ha subido más despacio.”

“Está rozando en un lateral.”

No hace falta realizar ningún diagnóstico.

Lo importante es no dejar pasar durante semanas un cambio que se repite.

Si se atasca, evita improvisar una reparación

Una lama que se engancha o un cierre que se queda bloqueado invita a intentar solucionarlo rápidamente.

Golpearlo, hacer palanca o intentar colocar las piezas a mano puede empeorar el problema.

Otra cosa distinta es retirar una caja, una piedra u otro objeto visible que esté claramente obstruyendo el recorrido.

Quitar un obstáculo accesible no es lo mismo que manipular el mecanismo.

Si el cierre continúa ofreciendo una resistencia importante una vez despejada la zona, conviene detener el uso.

La zona de cierre debe permanecer libre

En comercios donde se mueve mercancía constantemente es bastante fácil dejar objetos cerca de la entrada.

Cajas, expositores, herramientas o pequeños productos pueden terminar dentro de la zona por la que debe bajar el cierre.

Antes de cerrar el negocio merece la pena comprobar que el recorrido está despejado y que nada impide que la parte inferior apoye correctamente.

Es una comprobación de apenas unos segundos y evita bastantes problemas sencillos.

Alguien debe saber cómo actuar si se va la luz

Muchos cierres automáticos disponen de algún sistema de desbloqueo manual para poder utilizarlos cuando falta electricidad.

El problema aparece cuando existe ese mecanismo, pero nadie sabe dónde está la llave, cómo funciona o quién puede accionarlo.

No hace falta que todos los empleados conozcan el procedimiento. Sí deberían hacerlo las personas responsables de abrir y cerrar el negocio.

En nuestra guía sobre qué hacer si se va la luz con un cierre metálico automático explicamos esta situación con más detalle.

Conocerlo antes de necesitarlo evita tener que improvisar durante un apagón.

Si recibe un golpe, conviene decirlo aunque siga funcionando

Durante una descarga, una reforma o el movimiento de mercancías puede producirse un golpe contra el cierre o las guías.

A veces no ocurre nada importante y el sistema continúa funcionando.

Aun así, conviene comunicarlo.

Una pequeña deformación puede hacerse evidente varios ciclos después mediante un roce o un movimiento diferente.

Saber que ha existido un golpe ayuda a interpretar mucho mejor un problema que aparece después.

El cierre del final de la jornada merece algo más de atención

Cuando termina el día, es fácil bajar el cierre y marcharse en cuanto llega al suelo.

Pero ese es precisamente el momento en el que el negocio queda protegido durante varias horas.

Conviene comprobar que termina el recorrido correctamente, queda en su posición habitual y no aparece ninguna anomalía evidente.

Si baja torcido, queda más alto de lo habitual o necesita varios intentos para cerrar, no debería dejarse simplemente para el día siguiente.

Cuando cambia el responsable, explica cuatro cosas básicas

Si una nueva persona empieza a encargarse de abrir o cerrar, no necesita formación técnica.

Basta con explicarle:

  • cómo se acciona normalmente;
  • qué mando debe utilizar;
  • qué comportamientos no son habituales;
  • dónde está el desbloqueo de emergencia;
  • y a quién debe comunicar cualquier incidencia.

Con esto evitamos que cada empleado termine aprendiendo por ensayo y error.

El problema empieza cuando una anomalía se convierte en costumbre

Un cierre puede empezar haciendo un pequeño ruido.

Después necesita un segundo intento de vez en cuando.

Más adelante alguien descubre que tirando ligeramente termina de subir.

Como sigue funcionando, esas pequeñas anomalías se incorporan al día a día.

Hasta que finalmente deja de hacerlo.

Una regla muy sencilla puede evitarlo:

si para utilizar el cierre hay que hacer algo que antes no era necesario, conviene averiguar por qué.

No hace falta esperar a que quede completamente bloqueado.

Unas pautas sencillas suelen ser suficientes

Utilizar correctamente un cierre automático no debería ser complicado.

En la práctica, basta con respetar su recorrido, mantener libre la zona de paso, controlar los mandos y comunicar cualquier cambio persistente en el funcionamiento.

El cierre debe facilitar la apertura y el cierre del negocio, no obligar al personal a aprender trucos para conseguir que funcione.

Si empieza a necesitar varios intentos, se mueve de forma irregular o requiere ayuda manual, en Cierres Metálicos 24h podemos revisar el sistema antes de que esa anomalía termine convirtiéndose en una avería mayor.

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